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Hemos hablado bastantes en este blog, acerca del funcionamiento de los pensamientos en el subconsciente, en esta ocasión vamos a tocar el tema de los instintos y las emociones.

Como los pensamientos alteran nuestros instintos y nuestras reacciones.

Los instintos son impulsos naturales y formas de reaccionar ante ciertas condiciones, con el fin de garantizar nuestra supervivencia como especie. Son algo completamente animal, desarrollado por millones de años. Los asociamos a la región del infra-consciente; porque están muy alejados de la actividad de la consciencia. A medida que somos más conscientes, más racionales, vamos teniendo más control sobre los instintos.

Un ser humano en condiciones de poca racionalidad, es más instintivo, se comporta más como un animal que como un ser inteligente. En estado irracional no se ejerce ningún control sobre el instinto de supervivencia, y ante la menor ofensa se puede reaccionar como una bestia, o ante sus instintos sexuales puede no respetar nada. Por otra parte, en el ser humano sucede algo que no pasa en los animales, y es ir en contra de sus instintos, por ejemplo; no sabemos de animales que intenten un suicidio, o que abandonen a sus hijos.

Solo a través de fuertes desórdenes mentales producidos generalmente por condiciones de vida extremas, se puede alterar los instintos negativamente. Un ser humano sometido a condiciones de prohibición, maltrato, desprecio, humillación, hambre, sueño, etc. necesariamente tendrá desórdenes mentales, y alterará sus instintos; puede terminar convirtiéndose en un psicópata.
No todo siempre corresponde a desórdenes mentales, si no también a los genes heredados de los padres. El hablar de buenos genes es un tema tabú, so pena de ser condenado a la hoguera; pero al igual que debemos luchar por dejar un buen planeta a nuestros hijos, también debemos heredarles calidad en los genes, y esto se logra con salud física y mental.

Cuando nuestros pensamientos desequilibran las emociones.

Las emociones son un punto medio entre los instintos y los pensamientos, ya que obedece a ambos. El instinto de supervivencia puede estar detrás de emociones como el temor, la ira, la frustración, ya que dichas emociones pueden surgir en un momento en que por ejemplo; sintamos amenazadas nuestras vidas.

Las emociones al igual que los instintos cumplen un papel natural, son mecanismos que garantizan nuestra supervivencia y no pueden ser calificadas de malas. No es malo sentir miedo, ya que es una respuesta ante una situación que nos supera. No es malo sentir frustración, ya que es una respuesta ante una situación que se nos salió de las manos, no es malo sentir envidia, ya que es una respuesta ante algo que sentimos es mejor y que también queremos estar así, no es malo sentir ira, ya que es un último recurso que se usa ante algo que no somos capaces de controlar, no es malo sentir lujuria, ya que es una respuesta ante un instinto de reproducción de la especie. En definitiva, las emociones existen por algo, son mecanismos que garantizan la vida y la evolución.

Lo que si podemos calificar de “malo”, de “negativo” son las alteraciones que pueden sufrir estas emociones por desórdenes mentales y genéticos. Por ejemplo una emoción como la ira, se altera mucho en personas que han sido muy sometidas a situaciones de impotencia, de no poder hacer nada, y como a través de otros mecanismos más inteligentes no se ha logrado nada; entonces surge la ira y la violencia de manera descontrolada, como una última opción ante lo que no se puede hacer ni controlar.

Cuando Las emociones alteran nuestro pensamiento.

Inconscientemente obedecemos a nuestros instintos y emociones. Nuestras emociones puedes estar influenciado negativamente nuestras. Podemos permanecer años bajo el dominio de una emoción negativa. El rencor, la envidia, el temor, pueden estar controlando nuestras vidas sin que nos demos cuenta. Veamos cómo sería dicha actividad.

– El temor.

El miedo es un mecanismo de protección, que garantiza que usted se aleje de algo que pueda afectarlo. Un temor descontrolado, puede hacer que no se atreva a nada, puede permanecer años en la misma condición, por miedo a hablar, por miedo a intentar algo, por miedo a abandonar algo. Las condiciones de no progreso en algo; generalmente corresponden a un temor oculto.

– El rencor.

El rencor está ligado al instinto de protección, es una respuesta ante algo que sentimos que nos hizo daño y por tanto debemos protegernos de ello. Si el agresor lo consideramos como algo que podemos enfrentar, entonces en vez de miedo sentimos rencor. Las ofensas a nuestra persona son más comunes de lo que imaginamos, y es difícil dejar de sentir rencor ante alguien que nos hace daño, así que involuntariamente, siempre estaremos atacando a esa otra persona.

– La envidia.

La envidia es un mecanismo por el que a través de la imitación de algo bueno, logramos superarnos a nosotros mismos. Si alguien tiene algo mejor que uno, entonces es natural querer tenerlo, porque todos buscamos lo mejor. Podemos entonces sentirnos impulsados a conseguirlo. Esto garantiza que lo bueno que alguien logró, sea imitado y así todos logren bienestar. Lo malo surge cuando alguien siente frustración por no poder conseguir algo bueno, y entonces al evidenciar su impotencia, puede tratar de hacer igualar a su estado de impotencia, a alguien que le va mejor.

– Deseo y lujuria.

Alguien puede sentirse irremediablemente atraído por otro de manera muy natural. Cualquiera puede calificar como irreprochable ciertos comportamientos; pero puede llegar el día en que sienta una atracción irremediable y su deseo venza a su parte consciente, y entonces no le importara si la otra persona tiene una relación, si el mismo tiene una relación, si la otra persona no le pone cuidado y termine mendigando amor. Los deseos son muy difíciles de manejar cuando se apoderan de nosotros, y no atienden a ninguna parte racional.

Mecanismos para controlar las emociones.

– El secreto es relajar la mente.

Constantemente nuestra mente es invadida por cientos de impresiones que nos mueven de un lado a otro, ellas influencian nuestras decisiones. Es más probable que nos pongamos a leer en una biblioteca que en una discoteca, es más probable decir groserías delante del amigo de toda la vida, que delante de los padres de la novia. Aunque el ejemplo es extremo, me ayuda a describir, que somos de acuerdo al ambiente que nos rodea, ya que este nos hace reaccionar de un modo u otro. Es decir que nuestras emociones son alimentadas por las situaciones diarias.

Esa sobrecarga de impresiones y de emociones que produce el ambiente en que nos movemos, nos hace muy reactivos, muy impulsivos. Uno no puede alimentar una emoción en la que no piensa. Si usted se va para un bar y escucha una música que le hace recordar al ser querido, entonces se volverá más impulsivo al respecto. Por el contrario si usted está completamente dedicado al stress del trabajo, es más probable que olvide dicha emoción. Entre menos piense en ello, mejor.

Una buena forma de frenar todo ese impulso que nace de tanta actividad y de tantas emociones, es separar un tiempo para relajar la mente, y de este modo nuestro pensamiento se desapasiona de algo en lo que solía pensar irrefrenablemente.

– El pensamiento y la inteligencia como atributo humano

Si hay un atributo bastante desarrollado en el ser humano, es el pensamiento, y es a través de la razón que el hombre basa sus decisiones. En los animales priman más las emociones, ya que ellos todo lo basan en la emoción del momento, ya sea el miedo, el deseo, la agresividad, y otras emociones muy básicas. Podríamos asociar los instintos de igual manera con las plantas, ya que ellas también buscar vivir, buscan alimentarse, y procrearse; pero no es muy adecuado, así que los llamaremos impulsos. Claro está que algunos científicos que se han dedicado a investigar las plantas, hablan de inteligencia en las plantas, y que para diferenciarla de los humanos hablan en términos de cantidad.

Lo cierto al caso es que en los seres humanos la actividad mental está muy desarrollada, y es a través de ella que podemos manejar nuestras emociones. Una emoción muy fuerte; puede ser frenada a través de una fuerte reflexión en las consecuencias. Cuando una emoción nos domina es porque no queremos atender razones. Una buena razón aplaca un deseo irrefrenable. Por eso les hablaba en un artículo anterior acerca del auto convencimiento, como mecanismo para desarrollar una conducta.

VIDA Y EVOLUCIÓN.

Si hay dos órdenes marcadas en lo más profundo de la consciencia de cualquier ser vivo. Es la de vivir, y la de evolucionar. Todos sentimos deseos de vivir, y todos queremos estar mejor. Hay profundos desordenes emocionales cuando alguien ha perdido el deseo de vivir, y hay un profundo autoengaño cuando alguien no quiere mejorar. Todos de manera inconsciente defendemos nuestra vida, y este es el origen de muchas conductas. Todos sentimos un impulso a mejorar, a evolucionar en cualquiera de nuestros aspectos, ya sea a nivel laboral, a nivel físico, a nivel de relaciones, etc.
Vida y evolución están profundamente relacionadas, vivimos para evolucionar, y evolucionamos para vivir mejor. La razón del esfuerzo y del movimiento de alguien, nace del impulso de vivir y evolucionar. Gracias a ese impulso, la humanidad ha evolucionado y mejorado sus condiciones de vida.

El impulso por mejorar nuestras relaciones, hizo crear los derechos humanos, y la igualdad entre todos los seres. El impulso de alguien por mejorar sus condiciones de vida, le hizo pensar todos los días, como montar una empresa para hacerse rico. Es entonces la satisfacción de ese impulso lo que nos hace más inteligentes y más fuertes. Si un animal no hubiera sentido el deseo de mejorar sus condiciones de supervivencia, entonces no hubiera desarrollado condiciones de inteligencia y no tendría modo de evolucionar.

Es entonces natural, sentir el deseo por mejorar nuestras condiciones de vida, por tener una buena pareja, un buen estado físico, etc. Son muchas las cosas que podemos mejorar en nuestra vida, y su satisfacción requiere muchos niveles de esfuerzo y de inteligencia. Es entonces cuando debemos aprender a dar prioridades y ordenar nuestra vida. Es el orden la aplicación de la inteligencia y de la vida misma. En donde no hay vida, ni inteligencia, todo es un caos. Una compañía, un país, no evoluciona sin una fuerza inteligente que la haga evolucionar, sin ello, un país y una empresa tiende al caos, y lo mismo sucede en todos los aspectos de la naturaleza.

Si te gusto este artículo, entonces te va a gustar: «El cerebro no busca la verdad, sino sobrevivir, y deberíamos hacer lo mismo«.

Foto vía: Cubagallery