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La doble moral es unos de los factores más comunes a todos; pero también es el más indetectable. Esta nos lleva a calificar como reprochables una gran cantidad de actitudes; sin ser capaz de identificar las nuestras propias. Esto genera dos efectos; el primero es la intolerancia frente a las fragilidades de los demás, y un efecto de invisibilidad respecto a los aspectos reprochables de nuestra personalidad. Los elementos que llevaron a formarla, y los factores que hacen que la doble moral oculte muchos aspectos de nuestra personalidad, es lo que vamos a ver.

INSTINTOS BÁSICOS QUE NOS HACE SER COMO SOMOS.

Empecemos por hablar de que en esencia somos mamíferos, y que como cualquier mamífero obedecemos a unos instintos básicos de supervivencia. Todos nos sentimos impulsado a cuidar nuestro cuerpo a través de la alimentación y el descanso, también sentimos el impulso de la reproducción para perpetuar nuestra especie, y también es importante nuestro rol dentro de un grupo social. En estos aspectos hay distintos niveles de satisfacción, que nos impulsan a actuar para alcanzarlos y que por lo regular no suele ser suficiente su satisfacción.  Pensamos que a mayores niveles de satisfacción de estos, somos más felices. Esos impulsos básicos, pueden ser moldeados de acuerdo a nuestras circunstancias y paradigmas particulares (No hablaremos de factores genéticos).

Todos los traumas, todas nuestras creencias, pueden tergiversar estos impulsos naturales. Por ejemplo; una persona muy controlada y reprimida de niño, suele ser el libertino del futuro cuando alcance su libertad. Una persona que creció en medio del maltrato, suele ser muy reactiva y agresiva de adulto. Una persona que crece en medio de muchas carencias y humillaciones puede sentir impulsos exagerados hacia la grandeza. Todo acto deja huella en nuestro subconsciente, y sin darnos cuenta surgen toda clase de vicios, obscuras pasiones, e impulsos irrefrenables, que en la mayoría de los casos no nos damos cuenta. Todos nuestros deseos exigen satisfacción; pero esto requiere muchos esfuerzos. Así que de aquí surgen otros tipos de desviaciones de conducta; que nos impulsa a atravesar muchos límites morales. Esto es más común de lo que parece debido a que no hay hombre con tanta fuerza y sabiduría que siempre obtenga lo que quiere y sin ningún efecto en contra, si no que por el contrario, todas nuestras fuerzas se quedan pocas antes todas las cosas que queremos.

EL INFLUJO DE LA RELIGIÓN.

Si en estos tiempo en las que somos tan cultos, tan educados, tan avanzados, hay tantas luchas de intereses, en los antiguos tiempos lo era mucha más. No había leyes contra el maltrato, no habían jueces ni abogados, no habían escuelas que formaran personas para vivir en sociedad. Es por eso que la religión ejerció un enorme papel para controlar nuestras sociedades.

La gente no se portaba mal por la sencilla razón de que le tenía miedo al infierno y a la ira de los dioses; sin ello, todos hubieran dado rienda suelta a sus más obscuros deseos sin poner ningún freno. Un hombre ante una ira, evitaba matar otros simplemente por el miedo al infierno. Seguramente muchos reprimieron sus deseos por mujeres ajenas por miedo al señalamiento y al castigo divino. Por supuesto quienes gobiernan no son algo diferente a los seres humanos, si no que también poseen las mismas debilidades que cualquier otro. Así que no faltaba el que aprovechaba el enorme poder de estas instituciones para gobernar y aprovecharse de un pueblo a su amaño, ya que dichos ministros obtenían obediencia absoluta.

EL NACIMIENTO DE LA DOBLE MORAL

El hecho de que alguien estuviera vigilando el cumplimiento de las leyes, y que se tuviera miedo al castigo, no quería decir que estos deseos desaparecieran, antes por el contrario; ardían con más fuerza, hasta volverse incontrolables. El único mecanismo que surgía en nuestra mente, era el de ocultarlos en el subconsciente, hacer de cuenta que no estaban, y engañarnos a nosotros mismos de no tenerlos. Estos con el tiempo surgían de maneras imperceptibles, a través de autoengaños y justificaciones.

Sucedían cosas muy curiosas; alguien antes de irse a robar, se echaba la bendición para que le fuera bien, sabiendo que un mandamiento pudiera ser el de no robar.  Aunque el ejemplo es bastante curioso, lo mismo puede pasar con muchas facetas de nuestra personalidad. Lo que más sostiene la doble moral es la justificación. Si alguien roba entonces su justificación es que hay mucha gente que roba, que está reclamando lo suyo ante una sociedad que ha sido injusta. Y también se complace al decirse a sí mismo que al menos no ha matado a nadie. En el caso del que mata a alguien, se justifica a si mismo diciendo que se lo merecían, y que por otra parte el al menos no es un violador. Respecto al violador él se dirá que al menos no es un asesino. Así como estos hay otros deseos más comunes y más sutiles. La infiel dirá que encontró alguien que la hizo feliz, y que la hizo sentir valorada. El que tiene el vicio culposo del cigarrillo dirá que eso no le hace tanto daño y que al menos no es como esos mariguaneros que se paran en la esquina.  El mariguanero de la esquina dirá que con su vicio no le hace daño nadie y que al menos no es como esas personas que se inyectan drogas. La persona que consigue las cosas por medio de los gritos se justifica diciendo que es la única manera de obtener resultados, y que al menos no es arrogantes como otras personas.

De este modo todos nuestros deseos y vicios están perfectamente justificados y que somos buenos porque al menos no hemos hecho las cosas reprochables que otros hacen. A la larga consideramos bueno o aceptable todo aquello que da vía libre a nuestros intereses, y es considerado malo aquello que choque contra nuestros intereses, o que sea señalada socialmente.

EL EFECTO EN LA SOCIEDAD DE LA CIENCIA Y LA GLOBALIZACIÓN

Durante mucho tiempo la religión prohibió y reprimió nuestros deseos más ocultos, era la reina, y todos le obedecían. Pero con la llegada de la ciencia, la cual empezó a derrumbar viejos mitos, entonces las religiones empezaron a perder credibilidad, respeto y por tanto, el miedo que hacía obedecerles. Por otra parte, con esto de la globalización en donde la gente empezó a conocer otras culturas, otras teorías acerca de la creación del mundo, entonces dejaron lo que los ataban a sus antiguas creencias, y escogieron otras que en la mayoría de los casos se adaptaban a sus intereses personales. El hecho es que a medida que la religión perdía fuerza, la liberación de nuestros deseos cogía fuerza.

Todo eso se fue reflejando en la música, en la moda, en la forma de hablar. Por ejemplo hace algunos años, la música salsa, el licor, la minifalda eran un completo escándalo, y producto de escarmiento público, hoy en día lo es el reggaetón, la mariguana, y las mini-minifaldas. Todo va variando de acuerdo a la moral que impera en el momento. La religión tiene tan poco prestigio hoy en día, porque es el símbolo de la represión, de la prohibición y también del engaño. Así que para muchos un símbolo de libertad es romper las leyes, hacer lo prohibido, y eso para algunas personas puede ser atractivo.

LA ACCIÓN POR LA CONSCIENCIA.

Dado entonces que ya no es el miedo, el que forma nuestra base de las acciones, entonces solo queda la consciencia. La mayoría solo actuamos por reacción, por mecanismos subconscientes; es decir que todos nuestros preconceptos y conductas aprendidas, ya sean buenas o malas, que todos nuestros deseos ya sean ocultos o no, son los que nos mueven en una dirección u otra, en ellos basamos nuestras decisiones. Dado que no sabemos que es lo que nos hace actuar, entonces esa es la razón de que muchas decisiones sean equivocadas, y que resultemos en situaciones que no queremos. Al darle una revisión al origen de nuestras conductas, podremos saber qué es lo que nos mueve y si conviene a nuestros propósitos o no. De esta forma seremos capaces de empezar a forjar conductas que deseemos cultivar para nuestro beneficio, y también la de detener ciertos actos que puedan estar perjudicando nuestra vida. Si bien el descubrir el origen de todas nuestras conductas, ni el controlar nuestros actos es algo que se hace instantáneo; si podemos realizar un esfuerzo por nuestros bien, sobre todo para aquellas conductas que más estén perjudicando nuestra vida.

A falta de la presión que sintiéramos en tiempos pasados por no hacer ciertas cosas; lo que ahora nos debe presionar es el logro del modelo de vida que queremos, el saber adaptarnos y convivir con nuestro entorno, no solo para nosotros si no también pensando en el bienestar de nuestros hijos. No deberíamos votar la basura a los ríos porque sea malo, si no que debemos pensar en el agua que beberán nuestros hijos.  Si nuestros padres hubieran tenido cierto tipo de consciencia en muchas cosas, no estaríamos padeciendo muchas otras. Si bien no hay un manual de vida, debemos aprender a vivir por nosotros mismos, tal y como lo hace el hijo que abandona su hogar, o incluso el animal más pequeño.